NARRATIVA

Jorge Drexler, el tango también es prieto. Apuntes del Epistemicidio.

Por Fabian Villegas

tango

La plataforma de Ted ha sido un espacio creativo de dialogo que ha servido para darle visibilidad a través de un entretenimiento acomodaticio a una diversidad enorme de pautas, agendas, practicas, narrativas, lenguajes, que son vitales en la redefinición del campo progresista del siglo XXI. De igual forma también puede ser un buen termómetro para identificar el funcionamiento de la ideología liberal hegemónica. Que es permisible, que no es permisible, que puede ser cooptable, como se puede descafeinar, despolitizar y comodificar una disputa contra hegemónica en función del formato y el vehículo de comunicación en el que es presentada. Regularmente veo las charlas de Ted, las disfruto, me han permitido generar reflexiones bastante potables sobre muchísimos temas, salud pública, justicia racial, medio ambiente, derechos humanos, calentamiento global, educación, crisis migratoria, agenda LGBTTIQ, ciudades sostenibles, amor, comunicación efectiva, hasta una improvisación nueva de Herbie Hancock de Watermelon Man. 

Hace un par de semanas tuve la oportunidad de ver un Ted Talk de Jorge Drexler titulado, “Poesía, música e identidad”. Tengo que empezar diciendo que a pesar de no estar de acuerdo con la tesis, disfrute mucho los 17 minutos de la charla. Excelente orador, ejecución impecable. Tengo también que hacer la acotación, que si no estoy deacuerdo con la tesis, no es por el desagrado profundo que me produce Joaquín Sabina, el cual cumple un rol protagónico en la charla, al ser el responsable de la investigación de Jorge Drexler sobre el mundo de la décima, por haberle regalado un verso escrito en una servilleta en un bar de Madrid. Si, un lugar común en el universo estético de la literatura eurocéntrica. Pero puede suceder, a mí una vez un poeta Sirio borracho me leyó en un bar uno de los poemas más maravillosos que yo haya escuchado alguna vez en la vida.

Una de las experiencias más gratas de mi visita en Uruguay fue un encuentro con el grupo cultural Afrogama en su centro, en el corazón de Montevideo. Colectivo de base comunitaria integrado casi en su totalidad por mujeres orientado a la reivindicación de la cultura afro uruguaya a través del Candombe. No solo fui afortunado escuchando un coro excepcional de más de 20 voces, también tuve la fortuna de escuchar una conversación amplia sobre indicadores raciales en Uruguay, en los que la población afrodescendiente ocupa el nivel porcentual más alto de desempleo, pobreza, mortalidad, más bajo en educación. Ha sido objeto histórico de desplazamiento, periferizacion de Montevideo, todo tipo de invisibilidad, discrimen, etc. Hablamos del Candombe, de su apropiación cultural, hasta hablar de literatura afro argentina en el siglo XIX y la figura histórica del invencible payador afroargentino Gabino Ezeiza.

Si hay Estados Nación en la región que han sido históricamente más opresivos para la experiencia cultural de la población afrodescendiente esos son en definitiva Argentina y Uruguay.

Ojala la mixtura cultural a la que alude Jorge Drexler fuera tan armoniosa, y el proceso de borramiento de la población negra en el tango argentino y uruguayo no hubiese sido tan agresivo que incluso formo parte de una política de racismo de Estado. Ojala dentro de esa mixtura no existiera un régimen de jerarquización e inferiorización cultural como el que existe por ejemplo con el tango bonaerense y el candombe de Santa Fe y Paraná. Ojala no existiese un criterio de selección para validar una cultura en función del marcador racial de los sujetos y comunidades que la detentan como es el caso de un conjunto de prácticas culturales, orales y estéticas que hasta que pasaron por un proceso descarado de blanqueamiento y comodificación cultural lograron ser acreditadas como cultura o escalonadamente como regionalismos, música popular memoria y tradición cultural, con lo conflictivo e infravalorizante de estas conceptualizaciones. Del Son Jarocho a la bomba, de los palos al bullerengue, del calipso a la marimba y de la cumbia a la samba. 

Es una realidad que el mestizaje musical en la región responde a procesos de transculturación inextricables, profundos, complejos y fluctuantes. Es ese mismo mestizaje el que enriquece, oxigena, diversifica, construye diálogos civilizatorios. Esa tesis es innegable, como dicen por ahí, una obviedad que se cae de la mata, lo que resulta conflictivo es la ingenuidad con la que se alude a esa mixtura, a esa convivencia de heterogeneidad cultural, a esa narrativa de privilegio y fantasía de que todas y todos venimos de todas y ninguna parte. 

Así como hay cuerpos a los que históricamente se les ha prohibido afirmar su existencia, hay decretos culturales “nacionales y universales” que le exigen imperativamente a una cultura silenciar e inferiorizar su existencia. Como relación contractual para existir, acreditarse y universalizarse.

La realidad es que en el escenario regional Latinoamericano, las diferencias culturales han sido tratadas históricamente como diferencias coloniales, y la narrativa de la “mixtura” ha servido históricamente como un dispositivo colonial de blanqueamiento, de borramiento y amnesia selectiva con cualquier referencia cultural, estética, identitaria a lo indígena y a lo negro. Mixtura como depuración, mezcla como cosmetizacion de la pobreza, higienización de lo prieto. Mixtura como correlato civilizatorio de ciudadanización, mixtura como espacio de encubrimiento de violencias coloniales de larga duración. 

A la mixtura cultural no se llegó en igualdad de condiciones, ha sido un espacio de incubación de toda desigualdad colonial. Hay culturas a las que se les pide visa, hay culturas a las que se les cobra peaje. Hay quienes diseñaron las reglas del diálogo y el intercambio cultural, hay quienes siguieron instrucciones y los pusieron a formarse para el intercambio cultural, hay a quienes les dieron cobre o nada injustamente por todo lo que llevaron al intercambio cultural, hay quienes llegaron con las manos vacías y les dieron oro y plata casi que por providencialismo, hay a quienes les rechazaron lo que llevaron y los mandaron de vuelta con todo lo que llevaban cargando para el intercambio. Hay de quien se apropiaron de su recursos culturales, hay a quienes les aceptaron sus recursos culturales pero con la condición de que no las expusieran ello/as, o no estuvieran protagonizados por ello/as porque no eran ni acreditables, ni valorables, ni universalizables. 

No podemos incluso hablar seriamente de mixtura, cuando reducimos la diversidad a diversidad cultural y no a diversidad epistémica para entender la cultura, eso exige también descentralizar la geografía epistémica, el mapita mental de los “inicios y los comienzos”, de los Vicente Espinel y los 1521 como punto de partida y el “África” como espacios de generalización por ignorancia selectiva. Por supuesto que el músico mexicano tiene derecho a hablar de reivindicación identitaria a partir del son Jarocho, reivindicación que no es ni esencialista ni nacionalista. 

La décima es y puede ser transversal a muchísimas prácticas culturales, pero eso no significa que la afirmación identitaria que hicieron los decimistas afro argentinos en el siglo XIX, no sea incluso antagónica a la afirmación identitaria que hizo Vicente Espinel a través de la décima en España en 1521. Por un lado hay una afirmación anti colonial, política de la identidad, y por el otro una afirmación conservadora, colonial e hispanófila de la identidad.  

Todo eso sería incluso no solo invalidar la “diversidad” del relato, sino que construye una lectura unilateral del relato que incluso en pleno siglo XXI en otro sentido propicia las condiciones de una apropiación cultural irresponsable. En la que también bajo la potestad de la mixtura quien históricamente ha tenido privilegio racial se apropia, capitaliza, protagoniza descontextualiza una tradición cultural determinada.  

Una de las compañeras de afrogama , comentaba: tenemos el derecho y la necesidad de afirmarnos como mujeres negras en el Uruguay, como pueblos negros, como pueblos de la diáspora africana, como personas afro uruguayas, sobre todo cuando el Estado y la sociedad uruguaya siempre nos han acordonado a la invisibilidad política y cultural. Nosotras lo hacemos a través del candombe, hay quienes no tienen necesidad de afirmar su existencia, nosotros la tenemos, y lo hacemos culturalmente a través del candombe, el candombe es el espacio de recuperación de nuestra memoria histórica. 

Bien decía el cineasta angoleño Dom Pedro que del tango solo se había contado una parte de la historia, una historia nacional que excluía la participación del afrodescendiente en el desarrollo y la construcción del tango, hacia invisible como el proyecto de estado su experiencia cultural y estética, nunca le reconoció su existencia.

Independientemente de las similitudes genealógicas que haya entre el Tango y el Kizomba, el que baila kizomba no es aceptado ni como público para ver el tango de Piazzolla. 

Bienvenidas sean las simulaciones de la mixtura, parodiando un refrán mexicano: “En la mixtura cada quien habla como le va en la feria”. 

 

j.drexler