COYUNTURA

"Rafiki". Cine y disidencia sexual contra legislación colonial.

“Rafiki” Cine y disidencia sexual contra legislación colonial.

Por Fabian Villegas.


Este año entre muchas otras cosas, en el proceso de afinar la vecindad de mi trabajo profesional con la reflexión de nuevas prácticas curatoriales, tuve la oportunidad de cruzarme con un montón proyectos artísticos producidos desde el Sur, con un tremendo músculo contranarrativo al totalitarismo eurocéntrico del escuálido mundo del “arte”.

Uno de esos proyectos fue el trabajo de Wanuri Kahiu y su proyecto Afrobubblegum. Afrobubblegum es un proyecto colaborativo de artistas, narradoras, diseñadores, músicos, gestoras culturales que tienen como premisa disputar una narrativa distinta a la representación catastrófica que Occidente ha construido del continente africano. Donde priman las narrativas coloniales del: primitivismo africano, la pobreza rampante, los conflictos étnico-religiosos, las guerras civiles, el VIH y la pandemias virales, las crisis humanitarias y las inmunodeficiencias, los azotes del calor y el espiritismo identitario.

Afrobubblegum en palabras de Wanuri Kahiu ofrece una representación divertida, frívola, intensa de “Africa”. En donde la afrotopía  reside muchísimo menos en un estadío moral de empoderamiento construido por los buitres del ONGismo y los organismos de cooperación internacional, que en ficciones donde una astronauta de Nairobi viaja desde un embarcadero de pescado a otra galaxia donde encuentra formas de economía sostenible a partir de intercambio de patrones rítmicos

Como resultado de ese laboratorio de Afrobububblegum nacio “Rafiki”, el segundo  largometraje dirigido por Wanuri Kahiu. Rafiki ha sido sin duda la película que más polémica ha generado en toda la historia de Kenia. Rafiki narra la historia de un amor entre dos jóvenes de Nairobi, hijas de dos candidatos políticos, formadas en el contexto del conservadurismo evangélico, en un país en el que por razones coloniales el cristianismo hace jurisprudencia de toda la vida pública.

Desde Abril del 2018, el Consejo de Cinematografía y Clasificación de Kenia prohibio la exhibición de la película en los cines nacionales, bajo el argumento de ser un producto propagandístico de la homosexualidad y la identidad lésbica. Amparado en una legislación que literalmente data del periodo colonial en la que el Estado penaliza hasta con 14 años de prisión toda práctica sexual entre personas del mismo sexo.

A mediados de este año los abogados Wanuri Kahiu y un movimiento amplio de la comunidad LGBTTIQ encabezado por Lorna Dias rechazaron el fallo del consejo, ya que la censura de la película violaba el derecho constitucional a la libertad de expresión y a la libre expresión como artista. Gracias a la presión social y movilización de ciertos sectores la decisión del tribunal fue favorable para los derechos democráticos de la sociedad Keniana y la película recién se estrenó el 22 de Septiembre en todos los cines del país.

La película es una disputa narrativa y de imaginario sobre muchos temas, transversalizados por el género, la raza, la territorialidad, y los determinismos coloniales. Marca pautas, y permite abrir una conversación fundamental  mediante un lenguaje simple, incluso afectivo con el público de Kenia.

Urge Rafiki en las salas de cine de Kenia, como urge en las curadurías de los cines independientes de Latinoamérica y el Caribe, donde parece que la condición narrativa para etiquetar una película como “cine independiente” o “cine de arte” está basada en una suerte de estética de melancolía blanca.

Enhorabuena.  Bienvenida “Rafiki”, y bienvenida la narrativa de Monica Arac.


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