COYUNTURA

Acuse de recibo: Derecho marginal a la esperanza.

Acuse de recibo: Derecho marginal a la esperanza.

Por Fabián Villegas.

En política la frase de Ignacio de Loyola, “En una fortaleza sitiada cualquier disidencia es traición”, ha sido un lugar común de los procesos y gobiernos de la izquierda regional por razones simples y complejas. No es el caso del avasallante triunfo electoral de este pasado domingo de Andrés Manuel López Obrador. Si bien se llega a la presidencia con una elección histórica, con un 64% de participación, y una ventaja arrolladora sobre los otros dos candidatos del régimen, el voto crítico del electorado de izquierda se ha puesto de relieve. No hay un triunfalismo ciego ni ingenuo, sobre el nuevo gabinete hay más reservas que complacencias, la victoria del 1 de julio no es un fin sino un proceso, Andrés Manuel es más un interlocutor que una oferta salvífica.

El 2006 no es el 2018, quien estuvo de cerca en ese proceso identifico que hubo mudanzas sustanciales en agenda, estrategia comunicacional y coyuntura geopolítica. Si Latinoamérica está atravesando una ola de derechización y una restauración conservadora, México estaba ya frente a la insostenibilidad de ese modelo y de cara a concentrar expresiones de una crisis civilizatoria.

La coyuntura política de México durante el siglo XXI no entro en contemporaneidad con Latinoamérica, acumulo en estos 18 años las páginas más trágicas de su historia.

El resultado de ayer es multifactorial: voluntad popular, hartazgo, cabildeos con poderes facticos, escenario regional y ajedrecismo geopolítico. Pero tiene como común denominador la insostenibilidad de este modelo económico y de esta clase política. El 1 de julio es histórico no porque el régimen haya hecho valer la voluntad política de las mayorías sino porque las mayorías hicieron valer su voluntad política, y esto no significa legitimar la lógica electoral como el instrumento exclusivo de la democracia participativa, o como decían otros con el lugar común del infantilismo ideológico, que votar era refrendar la “democracia burguesa”, de eso estamos claros, pero también estamos claros que discutiendo la revolución bolchevique, no se hacen transformaciones radicales ni se disputa política.   “Vote o no vote organícese, y después de votar no deje de organizarse”.

No hay que ser científicos sociales para entender primero que el Instituto Nacional Electoral es hijo del bipartidismo, tampoco hay ser sumamente perspicaces para entender como desde su fundación el régimen electoral contemplo el abstencionismo y el anulismo como capital político. Ni tampoco hay que poseer muchísima lucidez para identificar de qué manera el anulismo/abstencionismo vuelto capital político es instrumentalizado ideológicamente por el bipartidismo, como un dispositivo despolitizador, e instrumentalizado técnica y porcentualmente para manipular e inflar una elección. Que quede claro que aquí no se está haciendo apología del voto, ni se esta generalizando que en todos los contextos ni en todos los momentos decidir no participar es despolitizador, estamos hablando simple y llanamente que en esta coyuntura era estratégica la participación.

Es una obviedad que existe una multiplicidad de formas de organización social, participación política y representación comunal más coherente con la tradición histórica de los movimientos sociales en México, como es obvio que incluso esa coherencia haría referencia no solo a los movimientos sociales, sino que sería consistente con procesos de democratización radical capaces de erosionar los modelos de colonialismo interno de organización, representación y participación política en México.

Sin embargo tenemos de frente un escenario, que definitivamente no es de entrada por el gabinete un modelo que dignifique abajo y a la izquierda, pero que si en definitiva representa un espacio de transición, un espacio de interlocución, un sismo en la intencionalidad de la clase política que ha gobernado el país por casi 100 años.

Los desafíos de esta nueva administración son enormes, el país que se está recogiendo esta en pedazos por lo que sembraron las administraciones pasadas. 200, 000 muertos, cerca de 60,000 desaparecidos, 80 asesinatos por día, uno de los 10 países con el índice más alto de feminicidios, 60 millones de personas viviendo en la pobreza, 29 millones viviendo con pobreza nutricional. El segundo salario más bajo de la región, la segunda jornada laboral más larga del mundo, uno de los países con la mayor desigualdad del mundo en la que 16 familias concentran el 90% de la riqueza de todo el país. Concesiones territoriales, el 47% del territorio nacional concesionado a empresas trasnacionales, mineras, fracking, al extractivismo múltiple. Privatización de recursos naturales, precarización laboral, desmantelamiento de derechos laborales, erosión de la seguridad social, sistema de jubilaciones y pensiones, pérdida de soberanía, una relación de servilismo indigno con la actual administración de Washington y una etcétera superlativa.

En mis 32 años es la primera vez que no siento indignación en una elección presidencial, es la primera vez que veo a millones de personas celebrar, reír, llorar, abrazarse, embriagarse de felicidad convencidas que todas y todos tenemos el derecho a vivir en condiciones sociales de existencia basadas en la dignidad.

Quiero creer realmente que estamos frente a una transición histórica, me llena de entusiasmo que el triunfo de Andrés Manuel se lea no solo como un triunfo para México sino para toda América Latina.

Hoy tenemos derecho a la esperanza, mañana también podemos ser responsables de pecar de ingenuidad.

Lucha y Esperanza.

AMLO 2018 PIC.jpg
AMLO PIC.jpeg